BARCÚ

 

Diana Londoño presenta el proyecto sobre líneas y ciudades, una serie de dibujos que reflexionan acerca de la realidad artificial y estética de la arquitectura urbana. Esta obra beve de fuentes históricas como los grabados de Escher o la película del expresionismo aleman Metrópolis (1909 Fritz lang) pero responde a su experiencia del contexto local de la ciudad de Bogotá. La realidad conocida es decantada a través de un lenguaje artístico que juega con el referente del surrealismo. Londoño realiza estas obras con lápiz o rapidógrafo sobre papel, de una forma metódica y precisa. vemos arquitecturas imposibles, que crecen por todos lados, en estilos históricos y contemporaneos, mezclados como maleza. La ciudad o las estructuras que aluden a esto parecen una maquina repetitiva, en ocaciones un bosque selvático descontrolado. Todo monócromo, industrial, inhumano. Efectivamente no encontramos gente, ni naturaleza en sus escenarios que se tornan metafóricamente distópicos.

Caridad Botella*

Feria Barcú

Bogotá, Colombia

2019.

Curadora

HABITAR LO INHABITABLE

“La arquitectura es el arte inevitable […] Los ciegos no pueden

ver cuadros y los sordos no pueden escuchar música, pero ambos

están obligados a tener trato con la arquitectura, como todos

los seres humanos. La arquitectura, más que limitarse a ser

un mero cobijo o paraguas protector, es también la

crónica física de las actividades y aspiraciones humanas”

 

Leland Roth

Las ciudades están configuradas a través de la necesidad de habitar. Desde la construcción de las viviendas, los grandes edificios, los puentes y las carreteras, la ciudad habla de la forma de estar en el mundo de un grupo de personas que, teniendo en cuenta su contexto y las dinámicas sociales que los envuelven, fraguan estructuras que posibilitan su modo de vida. Desde la perspectiva de Heidegger, se podría afirmar que el habitar y el construir están estrechamente relacionados; según el autor: “[…] construir no es solo medio y camino para el habitar. El construir ya es, en sí mismo, habitar.” (Heidegger, 2002, pág. 1).

Es desde esta comprensión que la arquitectura tiene lugar en su forma más básica: funcionalidad, firmeza y belleza. No obstante, el desarrollo de la industria y la tecnología ha diseñado una nueva forma de construir que ha reducido el ejercicio arquitectónico a la construcción de espacios netamente funcionales. Esto no solo se evidencia en las fábricas y empresas a las que se le dedica una parte importante del territorio, sino en la construcción de viviendas familiares cada vez más estrechas.

Esta forma de comprender la arquitectura condiciona la estructura de las familias, las dinámicas sociales y las posibilidades de disfrute y esparcimiento dentro del espacio construido. Anteriormente, las viviendas se construían de acuerdo con la cantidad de personas que componían una familia, sus gustos y hábitos. Sin embargo, el establecimiento del capitalismo trajo consigo la reinterpretación del ‘habitar’, dejando de lado el matiz humanista del concepto en el que este se relaciona con el pensar, para reducirlo al simple hecho de morar o usar un espacio como refugio, sin interpretarlo o pensarlo.

El concepto de ‘habitar’ en la obra de Diana Londoño se diluye ante la saturación de edificios y la obsesión por la perfección de estos. Las grandes ciudades se muestran como una apología de la capacidad humana que se mueve entre la paradoja del construir y destruir. Por un lado, las manos del hombre se vanaglorian de fraguar grandes estructuras que, dentro de su artificialidad, retan la capacidad divina; por otro lado, eso que nace de las manos del hombre tiene por condición la destrucción de aquello que hay en el mundo. Londoño deja ver en el detalle de sus obras una denuncia al carácter predador del progreso en el que el desarrollo de las ciudades lleva a la aniquilación de la vida.

La perfección de la línea recta y la saturación de los detalles en la obra de Londoño desdibujan el gesto humano y se equiparan a la creación de una máquina. De esta manera, la artista se sumerge en la rigidez de la artificialidad y explora su belleza para denunciarla desde adentro. El tono caótico y distópico de sus ciudades crean un aura de tensión en donde se extraña la vida y la presencia de espacios vacíos que permitan respirar al espectador. Lo impresionante de la obra no es solo el perfeccionamiento de la técnica que habla por sí sola, sino la capacidad que tiene de entrar en un diálogo con el espectador en el que la saturación de las ciudades dibujadas se extrapola hacia el espectador y logra mostrar el descontento de la artista con la expansión descuidada de estas.

 

Bibliografía

  • Heidegger, M., & Gebhardt, A. C. (2002). Construir, habitar, pensar. Alción Ed.

 

Por: Laura Natalia Díaz Cruz*

Filosofa Universidad Nacional de Colombia

2019

LA LÍNEA RECTA O DE LO INSOPORTABLE DE NUESTRAS CIUDADES.

Si se recuerda la relevancia de las ciudades en los albores del mundo occidental. Se podría traer a las mentes la idea de la relación dialéctica entre el moldeamiento del cuerpo y el de la ciudad. En Grecia, los cuerpos podrían exponerse así como las ideas y las opiniones. La ciudad era el reflejo de la actitud del ciudadano griego con el cuerpo, es decir que la relación que se tenían con un amante era la misma que se tenía con la ciudad, por tanto las palabras que se emplean tenían el mismo carácter, sea para con la ciudad, sea para el que se ama.

El calor del cuerpo tiene relación con el entusiasmo para con las cosas de la ciudad, es decir un cuerpo caliente, no necesita de ropas y su actitud es más comprometida con la polis, a diferencia de un cuerpo frio. Cobra importancia la relación de unidad de las palabras con los hechos. De esta forma la voz tuvo un lugar en la arquitectura de Atenas, dado que se dispusieron sus espacios para el uso de la voz de los ciudadanos, bien para estar en silencio mientras se escucha una obra, bien para la comida y la murmuración.

Los espacios abiertos eran destinados para la discusión y participación en asuntos legales. Los stoas, stoas, el agora, ágora, la Jloa, thloa, los templos, el Jeatron, o la escena, este último permitía no solo el manejo de la voz, sino la potenciaba con la disposición de las sillas, pues estaba dispuesto de manera diagonal, lo cual evitaba que la voz se dispersara, asimismo, facilitaba la mirada de los espectadores sobre aquel que se presentaba.

Pero más que modelar el cuerpo, la construcción de las ciudades estuvo dispuesta a saber de la naturaleza, de esa                                             , naturaleza que ama esconderse.

La obra de Diana Londoño dibuja con rigidez, no solo la antípoda de la ciudad en un siglo sin movimiento, rigidez de un tiempo futuro instalado en el presente inmediato, estático, hierático. Los dioses han huido, y los espacios de sus templos se han llenado de objetos profanados y muertos.

Los cuerpos mueren para convertirse en máquinas. Ahora se amontonan cadáveres que quedan en el olvido. El cuerpo que habitó alguna vez la ciudad, se muta en maquina silente y ruidosa. Las ciudades que dibuja la artista carece de líneas curvas, quitándole cualquier posibilidad de vida, esta ausencia desaloja lo humano, y presenta a cambio, la obsesiva rigidez y de los insoportable del reposo. La muerte.

Son líneas horizontales, verticales y oblicuas que tapan el grito sordo de la angustia para evidenciarla. Las líneas rectas han dominado a las curvas de la naturaleza. El trazo indomeñable, por fin ha sido sometido al cálculo y a la planificación.

A diferencia de la ciudad de Atenas del siglo V a. n. e. los trazos de Diana Paola esconden el cuerpo y lo emplazan a la oscuridad del olvido. La voz se oculta tras el silencio de las construcciones de cemento y hormigón.

La ingenuidad de primitivismo se supera y lo aplasta el cinismo de la razón arquitecta. La vida ha perecido tras la rigidez de los edificios. la               se petrifica y muestra la ciudad en su versión inmóvil, catatónica sin nada más que expresar que la angustia sorda de la soledad y la muerte.

Dibujo propio de la época de la técnica moderna, cuya esencia subyace a la actitud de lo humano que extrae la energía del tiempo, de lo existente, para acumularla, dejando un halo de muerte y silencio.

Que mas presentación de lo insoportable de las ciudades contemporáneas. El cuestionamiento mismo de la rigidez de esa maquinaria del capital que se traga la                 del deseo, que se traga lo que siempre se develo para conservar su más oculto secreto. La naturaleza, la

 

 

By Juan Carlos Suzunaga Quintana *

*Msc. Psychologist with an emphasis on psychoanalysis, socialties, and Culture

 

4th Bienal new talents Cologne.

Germany

2014